Seleccion de Conceptos

A partir de hoy estaremos reproduciendo conceptos emitidos por Rafael Caldera a lo largo de su vida política; la idea es retomar de sus propias palabras, variados conceptos y principios que orientaron su accion.

LA HERENCIA DE LA NACIONALIDAD

“Venezuela no es patrimonio de unos pocos,ni de determinados grupos;es la herencia común que nos legaron quienes por ella se  entregaron a la lucha y al sacrificio. Una herencia que vale tanto en cuanto seamos capaces de utilizarla y de interpretarla solidariamente; y que se minimiza y llega a caer a veces en los peores abismos del pesimismo,cuando se convierte en pugna estéril o infecunda,que no logra armonizar las diversas concepciones e intereses sino que se enfrasca en una controversia insuperable.”

En la XX Asamblea de la Cámara de la Industria de la Radiodifusión

Maracaibo 7 de Mayo de 1969

De socialcristianos para socialcristianos Una reflexión entre nosotros

Entre nosotros, porque se cumplen 100 años del nacimiento de Rafael Caldera y, significativamente, también 80 de la fundación de la Unión Nacional de Estudiantes (UNE) y 70 de la fundación del Partido Social Cristiano Copei. Cien años, y muchos le hemos dado impulsiva e injustamente la espalda al largo y profundo significado  de las luchas de Rafael Caldera por Venezuela, sin comprender que así dañamos nuestra propia identidad. Es hora de hacer justicia. De poner las cosas en su lugar.
Sí, es una reflexión entre nosotros, militantes, simpatizantes, colaboradores, seguidores y amigos, que, durante muchos años, compartimos el orgullo de formar parte de una fuerza política que, guiada por el responsable y poderoso liderazgo de Caldera, contribuyera a garantizar la vigencia de la democracia en Venezuela, al postular los valores del pensamiento socialcristiano.
No se trata de celebrar el centenario de su nacimiento por afecto a su persona, sino porque recordar su obra –así como la de Rómulo Betancourt y de otros políticos venezolanos– es reivindicar lo mejor de nuestro pasado democrático; es reivindicarnos a nosotros mismos, reivindicarnos como pueblo. Es un acto, en fin, que confronta de manera natural el infausto despropósito de quienes gobiernan nuestro país en esta hora aciaga.
Algunos podrían sostener que sería muy temprano para intentar apreciar desapasionadamente la importante obra de Rafael Caldera. Han pasado, dirían, muy pocos años desde su desaparición física y aún el tamiz del tiempo no ha cernido, suficientemente, su figura de las inevitables y grandes controversias que acompañan a los hombres cuyas decisiones afectan la vida de los pueblos. Tal vez sea verdad, pero la hora que vive nuestro país nos impone apresurar el paso para rescatar y valorar  lo esencial de su labor de entre las brumas de muchas decisiones polémicas. A alguna de ellas haremos, sin embargo, necesaria e ineludible referencia.
Sí, entre nosotros, que parece que hemos olvidado la significación histórica de las consecuencias de la decisión de Caldera de iniciar a la muerte de Juan Vicente Gómez –y actuando tanto contra poderosos enemigos como contra el pesimismo de los amigos– la construcción de una opción política que llegaría a su tiempo a  postular el valor de cada ser humano, la solidaridad, la pluralidad; que promovería el bien común, la lucha permanente por la justicia social, la perfectibilidad de la sociedad y el carácter subsidiario de la acción del estado. Una fuerza que volcaría en el torrente de nuestro devenir de pueblo nada más y nada menos que los valores esenciales y permanentes del humanismo cristiano.
No fue fácil. Todo comenzó cuando Caldera y un puñado de jóvenes estudiantes, que no superaban los 20 años de edad, fundaron en el año 1936 la Unión Nacional Estudiantil (UNE) –simiente del Partido Socialcristiano COPEI– para enfrentar el radicalismo izquierdista de la Federación de Estudiantes de Venezuela y comenzar a abrirle paso a  otra visión de la política en Venezuela.
Luego, como en un enjambre, comenzamos a crecer y nos fuimos sumando en distintos tiempos y lugares para llegar a ser decenas, centenares,  miles y millones.
Y fueron una persona misma el joven Caldera, cultor de Andrés Bello en 1935, el de la primera Ley del Trabajo de 1936, el del apoyo a la reforma de la legislación petrolera de 1943 y el defensor del voto para la mujer en 1944. Caldera, el autor de la tesis doctoral titulada libro de Derecho del Trabajo de 1939 y el  profesor de dicha materia en la UCV por más de veinte años. El hombre que en 1945 apoyó la creación de un sistema de gobierno basado en el voto universal, directo y secreto proclamado por la Revolución de Octubre. Que fue un actor principal en la Asamblea Constituyente que aprobó la Constitución de 1947 e igualmente en el Congreso Nacional que, 1961, dotó al país de la Constitución de más larga vigencia hasta ahora conocida en nuestra historia republicana.
Caldera, el hombre que en ese mismo año de 1947, con 31 años de edad, es postulado por primera vez a la Presidencia de la República y conquista el segundo lugar contra el maestro Rómulo Gallegos.  Caldera, el opositor severo al gobierno de Acción Democrática que se había radicalizado y sectarizado después de su triunfo en las elecciones del 46 y el 47.
El político que no cedió ni un ápice durante los años de la dictadura perezjimenista. Que clamó públicamente en 1952 contra la existencia de “Guasina”, el campo de concentración creado en el Delta del Orinoco para opositores al régimen militar.
El Caldera del histórico acuerdo con Rómulo Betancourt y Jòvito Villalba, después de la caída de la dictadura,  firmado el 31 de octubre de1958 en su propia casa caraqueña, de nombre “Puntofijo”, con el que se inició el período de paz, libertad y progreso social más prolongado que haya conocido nuestra historia.
El Rafael Caldera que, en los años sesenta, sostuvo la democracia contra los varios intentos de derrocar a los legítimos gobiernos de Rómulo Betancourt y Raúl Leoni. El de la lucha contra la subversión patrocinada por la Cuba de Fidel y el Caldera que después fue entre otras muchas cosas el Presidente de la justa y exitosa política de pacificación.
El Caldera del lenguaje de altura, profundamente respetuoso de todas las personas y, en especial, de los opositores a sus gobiernos. Reconocido por su integridad personal, por el ejemplo de su familia, junto a su esposa Doña Alicia Pietri, animadora de diferentes  iniciativas a favor de la infancia y, en particular, el emblemático Museo de los Niños.
El Dr. Caldera, de profunda y permanente vocación social, quien en gesto excepcional e inédito, fue invitado en 1987 por el Papa Juan Pablo II al Vaticano para hablar ante el Colegio Cardenalicio en la conmemoración de los veinte años de la encíclica “Populorum Progressio” (Sobre el desarrollo de los Pueblos”).
Todo eso, y mucho más de la obra de Caldera, parece habérsenos olvidado por la controversia desatada posteriormente a su decisión de  “soltar” a Chávez. Y decimos posteriormente, porque fue después, solamente después de que el Chávez en el poder comenzara a mostrar el funesto talante de su gobierno, cuando se hizo urgente encontrar un culpable de lo que estaba ocurriendo.
Ciertamente muchos de los que lo habían apoyado y elegido presidente comenzaron a buscar a un responsable sobre quien arrojar la culpa de su equivocada decisión y, como se hacía en algunos pueblos de la antigüedad, buscaron y encontraron en esa decisión de Caldera, al chivo de su expiación promoviendo algunos de ellos abiertamente y otros de manera solapada,  una infamia simple y conveniente: Caldera es el único culpable de todos lo males que le han hecho al país Chávez y su inepto sucesor y, desgraciadamente, muchos de nosotros hemos compartido en algún momento o medida esa iniquidad.
Es cierto que Caldera dictó el sobreseimiento de Chávez cuando la popularidad de éste no llegaba a 4 puntos en las encuestas y que también lo hizo para veinte militares más incursos en la misma causa. ¿Quién no le pidió entonces a Caldera esos sobreseimientos? Lo solicitaban públicamente numerosos sectores, medios de comunicación y muchas personalidades que incluso ahora, por cierto, lo disimulan. Sí, lo “soltó”, porque seguramente de buena fe creyó que era así como se podía conjurar la amenaza cierta que su rebelión había implicado e implicaba para nuestra ya fatigada democracia.
Esa acción de Caldera fue, sin duda, consecuente con su idea de pacificar y de someter al juicio de la democracia a quienes la amenazaran desde posiciones y conductas radicales. Actuó convencido, como lo hizo siempre, de que era lo mejor para su país.
¿Que Caldera se equivocó?… ni él ni nadie podía adivinar el futuro y, menos aún, que serían millones los venezolanos que después elegirían a Chávez Presidente, sin tener tampoco el don de predecir el porvenir y que, por supuesto, no podían imaginar el daño que le harían Chávez y su  heredero a nuestro país.
Ha llegado para todos nosotros, por imperativo de la agobiante realidad que estamos viviendo, la hora de rescatar el legado de Rafael Caldera, de limpiar la hojarasca que nubla su nombre, de recuperar el respeto que siempre nos inspiró para, respetándolo a él,  respetarnos a nosotros mismos y redimir su nombre de una carga que en justicia no le pertenece y que tampoco nos pertenece a nosotros. Es el tiempo de sumarnos al esfuerzo de permear de nuevo nuestra sociedad con los valores del socialcristianismo que encarnó Rafael Caldera durante toda su vida, y de levantar la cabeza para reconstruir la fuerza de la que en el pasado nos sentimos orgullosos.
Para finalizar esta reflexión y apelación entre nosotros, recordemos algunos  versos del poema que escribió Antonio Machado a Un olmo seco:
antes que te descuaje un torbellino 
y tronche el soplo de las sierras blancas; 
antes que el río hasta la mar te empuje 
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera 
la gracia de tu rama verdecida. 
Mi corazón espera 
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
Comisión Centenaria… Caldera 100 años después
Elías López, Abdón Vivas Terán,  Paciano Padrón, Oswaldo Álvarez Paz,  Naudy Suárez, Adonis Dager, Flora Aranguren, Luis Barragán, Nelson Oxford, Luis Ignacio Planas, Sergio Urdaneta, Rubén Dario Jiménez, Macky Arenas, Douglas Estanga, Nelson Hamana, Werner Corrales, Saralilian Lizarraga.

LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE… Por Nelson Hamana

Hay   que  considerar dos etapas diferentes, con significados distintos y por ende la naturaleza de sus cooperadores tienen un propósito diferente.
El primer período tenía pretendía proponer la visión demócrata cristiana para el sistema de gobierno que nació con la democracia de 1958, el segundo período se propuso cargar con el drama de una libertad que no pudo ser entendida a cabalidad por quienes vivieron en ella.

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CALDERA, 100 AÑOS DESPUÉS Por Paciano Padrón

Hace ya un siglo nacía Rafael Caldera, corría el año 1916, fue el 24 de enero. Tuvo 70 años de vida pública y moriría ya pasados sus 90, dejando un legado de civilismo y habiendo sido sembrador de democracia, con ideas que es oportuno recordar ahora, en tiempo de crisis y dictadura, y con un cúmulo de acciones que deben estudiarse, muchas de ellas ejemplo a seguir.

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Los hombres del presidente

Autor: Nelson Hamana

Hay que considerar dos etapas diferentes, con significados distintos y por ende la naturaleza de sus cooperadores tienen un propósito diferente.
El primer período tenía pretendía proponer la visión demócrata cristiana para el sistema de gobierno que nació con la democracia de 1958, el segundo período se propuso cargar con el drama de una libertad que no pudo ser entendida a cabalidad por quienes vivieron en ella.
El primer grupo de colaboradores y corresponsables del gobierno eran demócrata cristianos comprometidos, lo que generó las consabidas acusaciones de sectarismo e incluso se decía con sorna, que valía el presidente, pero que sus colaboradores no pasaban de segundones incapaces de decidir sin la expresa anuencia del Presidente, lo que se abonaba con los argumentos que se fundaban en las ruedas de prensa semanales donde daba la cara Caldera. Continue reading

Habla el presidente

Autor: Nelson Hamana H.

Se trataba de un programa semanal que era transmitido de manera directa desde uno de los salones del Palacio de Miraflores en cada ocasión correspondía a una estación de televisión diferente asumir el traslado de los equipos para la transmisión directa y para la grabación, el cual era reproducido por las demás estaciones de acuerdo a su conveniencia. En ningún caso se trataba de una cadena y podía ser evadida por el ciudadano, quien optaba por escucharla o no, ya que en el horario en la que uno la transmitía los demás canales mantenían su programación ordinaria.

Las estaciones no comprometidas con la transmisión directa, anunciaban libremente el momento en el que iban a insertar la información dentro de lo que hoy se llama parrilla de programación.

Hasta ese momento, las alocuciones presidenciales obedecían a dos razones, o eran protocolares, u obedecían a situaciones de excepción. En ambos casos comprometían a todo el sistema de comunicación radioeléctrica y erizaba los pelos cuando se anunciaba la transmisión conjunta porque a menos que ocurriera en una conmemoración de los festejos patrios, generalmente obedecían a una situación crítica. El estilo habitual para informar era el de las notas de prensa o el de las entrevistas en programas de opinión, donde nunca aparecía el Presidente, quien era relegado a la condición de talismán que solo se sentía obligado en las situaciones milagrosas. Continue reading

¿Qué diría Caldera?

Autor: Nelson Hamana H.

En una situación crítica como la que está viviendo Venezuela es muy difícil pensar que Rafael Caldera hubiera guardado silencio, sobre todo cuando se compromete la paz de la República o la vida de los ciudadanos inermes y desprotegidos, ya azotados por el dolor de la miseria y la inclemencia del hampa.

Lo más grave de esta situación es que la desesperanza y la violencia son promovidas desde el corazón mismo de las instituciones políticas que deben preservarla, no solo por el mandato de la ley, sino por la naturaleza de la responsabilidad que han asumido frente a sus gobernados.

Entiendo como un irrespeto irresponsable esta pretensión, y por ello pido disculpas, pero como siempre le oí hablar del imperativo de la paz como máximo sustento del progreso, sin la que era imposible el diálogo con el que los hombres deben entenderse, teniendo siempre por delante la fuerza de los ideales, que se discuten pero no se claudican. Continue reading

Los enigma de Caldera

Poniendo las cosas en su sitio

Autor: Nelson Hamana H.

Parece que la suerte de una vida dedicada al servicio, es hacerse procelosa y poco agradecida por aquellos a quienes sirve.

En torno a Caldera se han tejido varias aseveraciones cuyo origen es misterioso, pero que han pasado a ser parte de la leyenda urbana y que de acuerdo a lo que pude ver como testigo de excepción no se corresponde ni de cerca con la realidad.

Debo aclarar que fui beneficiario del sistema de Educación Pública en mis tiempos universitarios porque era la manera de hacerlo y de cumplir con mi responsabilidad de ciudadano. No fui nunca funcionario administrativo del estado, no era esa mi vocación ni estaba preparado para ello, mi servicio a la política se hizo siempre a expensas de mi patrimonio, no fui alto dignatario, no fui amigo ni del Presidente ni de su familia y si lo vi personalmente fue para prestarle algún servicio político o por coincidir en algún evento social fortuito, pero sí seguí, desde 1958 hasta su muerte, la coherencia de su vida pública y siento la necesidad de hacer justicia. Continue reading

Caldera y la Gaceta Oficial

Autor: Luis Barragán

GACETA

Voceros gubernamentales asumen que, cualesquiera decisiones adoptadas por la Asamblea Nacional, carecerá de vigencia por no cumplir con la formal publicación en la Gaceta Oficial que administran y controlan. Ni siquiera una interpretación literal de la normativa los autoriza, porque ella no sólo expresa a un órgano independiente del Poder Público, sino que goza de una mayor y más reciente legitimidad concedida por los consabidos comicios parlamentarios. Continue reading