LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE… Por Nelson Hamana

Hay   que  considerar dos etapas diferentes, con significados distintos y por ende la naturaleza de sus cooperadores tienen un propósito diferente.
El primer período tenía pretendía proponer la visión demócrata cristiana para el sistema de gobierno que nació con la democracia de 1958, el segundo período se propuso cargar con el drama de una libertad que no pudo ser entendida a cabalidad por quienes vivieron en ella.

El primer grupo de colaboradores y corresponsables  del gobierno eran demócrata cristianos comprometidos, lo que generó las consabidas acusaciones de sectarismo e incluso se decía con sorna, que valía el presidente, pero que sus colaboradores no pasaban de segundones  incapaces de decidir sin la expresa anuencia del Presidente, lo que se abonaba con los argumentos que se fundaban en las ruedas de prensa semanales donde daba la cara Caldera.
Como estas reflexiones no tienen pretensiones académicas, son escritas de memoria y sin recurso documental, por lo que hablaré de los que me impresionó.
No podemos olvidar que el propósito central  de los gobiernos de Caldera fue la paz, en tanto que el conflicto fue un obstáculo severo para la eficiencia de los gobiernos nacientes, que tuvieron que debatirse en una guerra interna que nunca tuvo sentido y que se quiere resucitar a expensas de los más débiles, la guerrilla de los sesenta fue un despropósito reconocido hoy en día por los mismos que la encabezaron y que cuando perdió la ilusión, se convirtió en el foco más desvergonzado de la corrupción que se han gestado en los últimos 17 años de nuestra desgracia.
El primer nombre que salta a la vista es el del gestor de la paz, Lorenzo Fernández, ciertamente un hombre de trato sencillo que intentó rescatar el valor de la familia en un país que se confiesa cristiano, pero que no entiende el valor de un matrimonio estable para la construcción de la sociedad, hasta llegar a las deformidades de nuestro tiempo donde la estabilidad familiar es un valor burgués perverso propio de los aventajados económicos, quienes por cierto no son los más pudorosos en el tema. El Lorenzo afable, sencillo y bondadoso, por supuesto que desentonaba con la imagen policial que siempre se pretendió debían tener los Ministros del Interior, pero era coherente con sus propósitos y los del Presidente, la paz requería de bondad y tolerancia, lo que no estaba reñido con la firmeza de carácter y el severo control de su vida personal que dejaba pocos resquicios para la deformación de sus costumbres. Tal ves su único vicio fue su impertinente tabaco que en ocasiones hacia pesada su presencia.
Otro nombre inevitable es el de Arístides Calvani, hombre frugal y austero a pesar de provenir de una familia económicamente holgada. Fue un auténtico príncipe de la paz en el continente, dentro de la hoy clara hipótesis de que Venezuela no era inmunes a las condiciones del entorno mundial y particularmente el ambiente del continente americano. Para esta restauración fue necesario enfrentar una doctrina que pareció lógica en la atmósfera de la caída de la dictadura, pero que nos fue aislando y limitando nuestra influencia a la del mercado petrolero,  lo que hoy en día vemos como nos pasa la factura. No podíamos ni podemos determinar el curso de los sistemas políticos en América, no al menos en medio de la confrontación, es más útil el diálogo, palabra mágica de la Democracia Cristiana, conjuro que ha sido difícil utilizar en nuestro medio y es tal vez por eso que saltamos de confrontación en confrontación. Los políticos fueron un tanto mezquinos cuando le acusaban de traición por haber congelado conflictos territoriales que estaban perdidos en los tribunales, ciertamente por la indolencia consuetudinaria de los funcionaros encargados de sustanciarlos de acuerdo al derecho internacional.
 Haydeé Castillo, luego maltratada por las desmesuras políticas de este gobierno cuando había llegado a ser una anciana,  con el asesinato de su hijo y la violación de su hogar, hechos que aún no han sido ni aclarados ni castigados No fue ciertamente la primera mujer en el gabinete, pero si fue un claro enfrentamiento al prejuicio criollo y demostró que podía estimular empresarios desde el Ministerio de Fomento. Fue una mujer enérgica y severa, recia y constante, por mucho tiempo parlamentaria de la Democracia Cristiana.
Enrique Perez Olivares, quien venía de las aulas universitarias, de ser hombre destacado en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela. Hombre sereno como corresponde a quien maneja la enseñanza, pero claro y preciso. Era muy fácil trabajar con él
Hugo Perez La Salvia, el hombre del Petróleo, en un período que si bien no consolidó la Nacionalización Petrolera, se crearon las condiciones para que no fuera traumática ni onerosa. No sabemos si la nacionalización hubiera sido posible, pero la Ley de Reversión le puso cortapisas a los daños, conscientes como estaban de que un Capital tan poderoso como el petrolero no iba a respetar de manera espontánea la delimitación precisa de sus decisiones y su participación en un mercado tan rentable.
No queremos demeritar ni disminuir el valor de Carlos Andrés Pérez cuando izó nuestra bandera en el Pozo La Rosa en Cabimas, emblema de nuestro petróleo que ha sido consecuente con Venezuela por un siglo, pero dada nuestra dependencia del recurso, cordón umbilical que aún no logramos cortar, era una imprudencia la precipitación y a pesar del debate, se hizo como se debía y en vez de ser dañinos los resultados nos llevaron a tener la mejor empresa del planeta.

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